Paleolítico Inferior
Hasta hace poco, los arqueólogos databan la aparición del hombre en Europa en torno a los 500.000 y 600.000 años. Pensaban que se agrupaba en pequeñas hordas de cazadores pertenecientes a una variedad del Homo erectus. Los restos del Paleolítico Inferior en la Península Ibérica eran muy escasos, aunque se habían encontrado piedras talladas de unos 500.000 años de antigüedad. Sin embargo, los últimos descubrimientos realizados en la Sierra de Atapuerca, cercana a Burgos, han cambiado totalmente los esquemas establecidos. En el año 1994, en una prospección en la sima llamada Gran Dolina, aparecieron los restos de uno de los homínidos más antiguos hallados en Europa, cuya datación se sitúa en torno a los 780.000 años.
Los componentes del equipo de investigación de Atapuerca, una vez analizadas las características de los restos encontrados, llegaron a la conclusión de que era una especie de homínido distinta a la del Homo erectus, más avanzada y con una capacidad craneal cercana a los 1.000 centímetros cúbicos. Gracias a ellos han propuesto una nueva hipótesis de la evolución de la especie. Los pobladores de Atapuerca corresponderían al denominado Homo antecessor, un eslabón intermedio entre el Homo erectus y las dos especies que, a partir del Pleistoceno Medio, se expandieron por Asia y Europa, el Homo neandertalensis y el Homo sapiens.<
La cultura de estos homínidos del Paleolítico Inferior sería la característica de los cazadores-depredadores, agrupados en pequeñas hordas, sin hábitat permanente, que acampaban en lugares al aire libre en zonas cercanas a los ríos. Se han hallado en toda la Península hachas bifaces correspondientes a esta cultura, junto a restos de huesos de mamíferos de gran tamaño. Los expertos creen que probablemente aprovechaban los grandes animales muertos o bien los cazaban en grupo, mediante acoso. Algunas evidencias en los huesos hallados en Atapuerca, demuestran incluso que pudieron haber practicado el canibalismo.
Paleolítico Medio
Esta etapa, también llamada Musteriense, está asociada en toda Europa al Homo Neanderthalensis o simplemente neandertal. Son homínidos que desarrollan su cultura desde hace 100.000 años hasta aproximadamente 35.000, coincidiendo en gran parte con la glaciación de Würn. Sin embargo no existe un límite concreto entre el Paleolítico Inferior y el Paleolítico Medio ya que la especie neandertal aparece en Europa por evolución autóctona. De hecho, se han localizado en España diversos yacimientos con una cultura Musteriense plenamente desarrollada ya en la glaciación de Riss, esto es, hace unos 200.000 años (por ejemplo, la Cueva de Las Grajas, en Archidona, Málaga).
Aunque hasta hace poco se ha considerado esta especie como una evolución del Homo erectus, según la hipótesis que plantea el equipo de Atapuerca podrían constituir una evolución directa del Homo heidelbergensis. De esta manera parecen mostrarlo los restos de treinta y dos individuos encontrados en la Sima de los Huesos, de la Sierra de Atapuerca (datados aproximadamente en 300.000 años), que presentan algunos rasgos semejantes a los de los neandertales.
Está demostrada la presencia del Homo neanderthal en la Península Ibérica. Se han encontrado dos cráneos completos en la zona de Gibraltar, numerosos restos óseos e incluso algún diente en yacimientos situados en toda la Península.
Los neanderthales eran cazadores y recolectores. Tenían una gran fuerza física y una capacidad craneal similar a la del hombre actual. Se caracterizaron por desarrollar una mayor variedad cultural que sus antecesores, condicionada además por un clima más variable cuyas oscilaciones térmicas les hicieron buscar refugio en cuevas. Perfeccionaron algunas técnicas, como la caza de animales mayores (caballos, renos, bisontes) y el aprovechamiento de las pieles. Los utensilios de la cultura Musteriense eran muy diversos y especializados. El interés por objetos pintorescos y la práctica de enterramientos (Cueva Morín) nos indica también la existencia de las primeras creencias a algún culto espiritual.
Paleolítico Superior
Esta última fase del Paleolítico se desarrolla paralelamente en toda Europa desde el 35.000 hasta el 8.000 a. C. Está asociada al Homo sapiens u hombre de Cromagnon, la especie homínida que sustituyó a los neanderthales, con los que compartiría un antepasado común. Su cultura era la más evolucionada: vivían al aire libre en cabañas o en cuevas, sobre todo en las zonas frías. Seguramente fueron grupos nómadas que ocupaban alternativamente zonas de caza. La gran abundancia de yacimientos indica, por otra parte, un aumento exponencial de la población, unido a una dieta más diversificada y nutritiva, que incluía la pesca, la recolección de frutos y marisqueo.
La industria lítica, de refinamiento y diversidad de utensilios, se complementa con instrumentos de hueso, cuerno o marfil decorados y bastante sofisticados, como los propulsores o los arpones. También se percibe un importante avance en aspectos culturales (objetos artísticos, adornos, pinturas, etc.) y espirituales (enterramientos, ajuares funerarios, pequeñas esculturas, etc.).
Los restos del Paleolítico Superior se concentran en dos grandes zonas en la Península. En la zona de levante hay asentamientos que presentan unos rasgos muy diferentes a los de otras regiones europeas. Entre los objetos más originales encontrados están un tipo de puntas de flecha con aletas y un pedúnculo para insertarlas en los mangos, y unas extrañas placas pintadas.
En la zona de Cantabria se encuentran los yacimientos más antiguos (unos 35.000 años de antigüedad), aunque los restos más abundantes son los situados al final del periodo, con el importante arte rupestre de las grandes cuevas, paralelo al fenómeno francés. Entre este tipo de manifestaciones artísticas destacan las pinturas de las cuevas de El Castillo, Altamira y Tito Bustillo. Generalmente están situadas en lugares poco accesibles y presentan a animales en posiciones muy distintas, con mezcla de especies muy diversas (bisontes, ciervos y caballos mayoritariamente), a muchas veces superpuestas y con muestras de haber sido golpeadas. Todas estas pruebas nos conducen, como hipótesis más verosímil, a interpretarlas como pinturas mágicas, quizá de aspecto religioso y espiritual, propiciatorias de la caza. En muy pocas ocasiones se observan figuras humanas. Las diferencias entre las pinturas rupestres del norte y de levante vienen marcadas por la influencia climática y el régimen de vida de cada zona.
Fuente: WikipediA
